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  Cómo empezó

Un buen día, tres amigos de un pueblo de Teruel, decidieron hacer un viaje a Perú y recorrerlo con la mochila. El viaje era pura aventura. ¿Cómo cruzar los Andes? ¿Cómo bajar a un valle paradisiaco?

Haciendo el camino del Inca, conocieron a Carmen Solé, de padre español.  Como las caminatas eran largas, había mucho tiempo para contar cosas, anécdotas e historias. De esta manera, los tres viajeros fueron tomando más conciencia con lo que habían visto de la realidad de los asentamientos humanos en Perú. De la miseria, de cómo sobrevivían día a día en unas condiciones muchas veces infrahumanas.

Cada vez tomaba más fuerza la idea de hacer algo, no sólo con palabras sino con hechos.

Como todo en la vida, el viaje llegó a su fin, se despidieron de Perú y de sus gentes pero con el compromiso de volver.

Al cabo de unos meses, volvieron con las ganas y la energía que ésta empresa requería.

Empezaron a ayudar en Asentamientos como Villa del Sol, Pueblo Nuevo ó San Agustín, todos pertenecientes al distrito de Chincha. Su ayuda era pequeña, para tanto que hacía falta, ayudar a comedores populares, hacer análisis y chequeos a gentes que nunca se habían puesto en manos de un doctor, también hicieron alguna casa de adobe para alguna familia que no tenían un techo. Para las Navidades, a los niños de los asentamientos se les regalaba un juguete.

Así hasta que el año 2003 deciden legalizar aquella situación y se formaliza una Asociación que se llamaría “Camino a la Solidaridad” tanto en España como en Perú.

Decidieron ubicarse, quizás en uno de los asentamientos más pobres de toda la provincia, Condorillo Alto, pues por no haber, no había ni luz.

Lo primero que decidimos fue llevar la luz a aquel asentamiento. Cosa que no fue fácil por la burocracia de ese país. Al cabo de casi dos años por fin había luz en aquel lugar dejado de la mano de Dios y se decidió hacer un albergue para recoger a madres adolescentes que no tenían donde ir.

Al día de hoy el albergue está lleno y son muchos los niños que allí han nacido y que están teniendo una infancia digna. También las madres día a día van saliendo hacia adelante y poco a poco van siendo más autosuficientes para cuando salen del centro con 18 años.

También se han hecho Escuelas en Condorillo para educación primaria con capacidad para 210 niños.

El último proyecto terminado es una casa para voluntarios que tengan un tiempo de su vida para dedicarla a los demás. Lo mejor de estas experiencias es que cuando vienes a España has recibido más de lo que has dado.

Y así empezó aquel viaje y aquel camino que empezaron a recorrer un día y que al día de hoy todavía sigue.

Gracias a mucha gente que se van sumando a ese camino llamado Camino a la Solidaridad.

 

 

 

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